domingo, 22 de febrero de 2009

Que Hablen los Moros I

Tres de la tarde, cerca del Éxito de Colombia, en una casa de confecciones, dos estudiantes de arte de la Universidad de Antioquia, se preparaban para poner su sello en Medellín, con stencil o como muchos lo llaman graffiti, que a diferencia de este el stencil usa plantilla.

“El pintor”, como se hace llamar uno de los personajes, a sus 25 años es un artista que ha tenido varias exposiciones y ha conseguido varios premios por su arte. Sus cuadros representan la noche, una mancha negra con puntos amarillos que representan las luces, sin ningún elemento humano.

Juan es el otro “vándalo para la ciudad”, como dice él. Dejó una huella en el túnel del metro de Medellín, en el curso de Madera a Bello, stencil que realizó a las dos de la mañana, con la alcahuetería de los vigilantes del metro que no pronunciaron palabra y no se opusieron. Su primer stencil fue a los 18 años y la imagen era un personaje de Metal Gear.

Sus manos inquietas, su mirada perdida, su voz débil, demuestran lo nervioso y lo tímido que es. Tiene 20 años y es compañero de “El pintor” . Las botas militares, que lleva El pintor , con un pantalón verde camuflado, una camisa negra lo hacen más antipático y metalero, Juan viste una camisa negra de cuadros rojos, un blue jean y calza tenis skate.

En un cuarto el olor a pintura, arte y café, se mezclan para acompañar una canción de Metallica y luego una de rock que se hace cada vez más pesada. El lugar esta llenos de pinturas, cuadros, dibujos, vinilos, pinceles, una mesa redonda ocupada por montones de aerografías. En el balcón El pintor alega que la cuchilla que tiene en la mano derecha y que pasa varias veces por su dedo comprobando su filo, no sirve para nada.

“Primero escogemos el dibujo, después lo montamos en papel, (cualquier papel) y con una cuchilla o un bisturí recortamos las partes que van pintadas”, explica Juan. Ranura por ranura, van cortando con mucha paciencia, el dibujo de tamaño natural que van a plasmar en un muro de la ciudad, ¿cuál? “Medellín tiene muchos”, responde El pintor con una risa picarona.

Las arrugas del pantalón, las de la camiseta, los ojos, las cejas, la boca, las luces del cabello, “hágalos bien o no haga nada” es el monólogo de El pintor.
Expresión artística, revolución callejera, publicidad personal, vandalismo; o todo al mismo tiempo. Lo que sí es cierto es que cada vez importa menos, llámenlos como los llamen la ciudad es el lienzo del stencil o del graffiti y “a muchos eso no les gusta, pero somos los que hacemos hablar los muros”.

Raperos, punkeros, metaleros, rockeros, skinheads, emos, skates, muchos han tenido que ver con los rayones de la ciudad, muchos se han tomado los muros como lienzos, han huido de la “tomba”, se han manchado con las latas, se han revolucionado contra una sociedad que terminó aceptando esto como arte.
Fotografías; Pamela Murillo

El arte y yo

Con el respeto de muchos artistas, pintores, especialmente. Lo que escribo no es una crítica a su oficio, ni mucho menos poner en duda el concepto de arte.

Hablo desde la experiencia amarga de compartir y estar rodeada de artistas, bohemios y radicales, hablo no para todos sólo para esos pocos que ya deben saber quienes son, a ellos y especialmente al pintor.

Museos, galerías, exposiciones, se convirtieron en mis espacios, tenia diálogo con los pinceles, el olor a pintura me desconectaba. Comencé sobre los bastidores, me cubrían los lienzos limpios y vírgenes, me dolía cuando me estiraba la piel y la grababa a mis huesos, (cuando grapan el lienzo al bastidor).

La tortura no paraba ahí se sentaba frente a mi, me desnudaba con la mirada, con la mano izquierda inerte tirada hacía la espalda, con la derecha comenzaba a tocarme, con su pincel a delinearme, curva por curva, comenzó a dibujarme. Con el seño fruncido comenzaba a concentrarse a mirar cada poro de mi piel o más bien del lienzo.

Comenzó, untó el pincel de pintura pálida para mi piel, una más oscura para mi cabello, siempre tenia que oler bien, aunque eso causara nauseas en mí, trazó pelo por pelo. Se detuvo en mis ojos, me leía el alma, (no me gustó), no alcancé a leer la de él. Le causaban dificultad, alegaba que eran diferentes, nunca los dibujó bien. Definió mi nariz, hoy perdí su olor, no lo recuerdo. Hizo sombra en mis mejillas, ahora no se sonrojan por nadie.

Llegó a mi boca, no es difícil: labios grandes y bien delineados, el superior en forma de corazón, deliraba pintándolos, deliraba por ellos, jamás los superará. Los pintó de rojo, aunque son de un tono más oscuros, ahora pálidos.

No recuerdo que haya pintado mi cuerpo, mucho menos tocado.

Me aburría sentada en frente de él, pidiendo un poco de protagonismo en su vida, no en sus cuadros. Me esfumaba con el humo de los cigarrillos de sus amigos bohemios (o al menos se creían).

Al parecer terminó conmigo, me exhibía, los demás me miraban y murmuraban cosas, colgada en una pared blanca con una luz que me enceguecía al lado de las demás “obras”, que son inútiles a mi lado. ¿Egocéntrica? él me creó para eso.

Allan Poe, se lo advirtió, cuando me dejes de ver como un retrato oval, regresaré por ahora no, me tomaré el tiempo necesario. Ah y no te preocupes no estoy sufriendo a diario como tu, además no lucho por no encontrarnos.


Artistas, pintores, baaaaa egoístas, quédese con sus lienzos que ahora no son vírgenes, siga exhibiendo sus obras hasta que se quede sin noches de inspiración, siga vistiendo las paredes de una galería o de la cocina de mi madre. Continué perdiendo su tiempo en algo tan abstracto que nadie entiende (egoísta).

Yo hoy me cansé de que me rasgue la piel con sus indelicados trazos y sus viejos pinceles, ahorre sus colores, duérmase en sus bastidores o por qué no pinta su egocentrismo, ¿le quedará fácil? creo que es más complejo de lo que piensa, de hecho yo no pude con el, se lo dejo para que le haga compañía, mire si lo acompaña a un café, se entenderán bien, sólo hablaran de usted.
*Imágenes: Yosman Botero